El empleo de correos electrónicos como prueba documental en procedimientos judiciales resulta cada día más extendido.

Al resultar un soporte probatorio de fácil acceso y que en muchas ocasiones redunda acreditativo de las relaciones mantenidas entre las partes al tratarse, en la mayoría de los casos, de una declaración de voluntad de quien la emite. Pero la facilidad de acceso, lleva aparejada también una seria posibilidad de manipulación.